Pinochet Boys


Formación: Santiago, 1985.
Disolución: 1987.

Integrantes: Daniel Puente, bajo y voz.
Iván “Vanchi” Conejeros, voz y guitarra.
Miguel Conejeros, teclados, guitarra.
Sebastián “Tan” Levine, batería.

Sin duda Pinochet Boys es una de las bandas fundacionales del punk en Chile, unidos por la amistad, la fiesta, y el arte. Desde un comienzo estuvieron ligados al circuito “under” de la capital en los años 80 y se mantuvieron unidos hasta su disolución fuera de Chile a fines de la misma década.

Debutaron en 1985 en el ñuñoíno bar La Luna, frente al Campus Oriente de la Universidad Católica, y desde un principio enfrentaron la represión y la intolerancia que los seguiría hasta su fin: En medio de su performance (que incluía a uno de sus integrantes con una gorra de carabinero) alguien tiró desde la calle una bolsa con agua y barro que cayó en medio del escenario, mojando a todo el grupo y los equipos, allí terminó su presentación inicial. Junto a Puente, el baterista Sebastián Levine (ex Banda del Gnomo), y los hermanos de La Unión Iván y Miguel Conejeros (guitarra y teclados, respectivamente) animaban precariamente una banda cuyo impulso inicial fue el tecno-pop de moda entonces en Inglaterra (New Order, Frankie Goes To Hollywood), que derivó en algo más agresivo influenciados por bandas como, The Clash, Sex Pistols, XTC, Joy Division y Gang of Four.

“Para cualquiera que haya estado haciendo música en los años 80 era difícil no ser punk, con tanta represión encima”, reflexiona ahora Conejeros; aunque es un hecho que los Sex Pistols fue un grupo que comenzó a difundirse en Santiago casi una década después de su irrupción en Londres. Como tantas otras adaptaciones culturales, el punk chileno fue un concepto en extremo ’sui generis’.

El repertorio del cuarteto era igualmente limitado, y alternaba el hedonismo de la evasión vinculada a los más básicos alteradores de conciencia (alcohol, marihuana, neoprén entre otros) con la furia ante un país sujeto a la voluntad militar.

“Dictadura musical / nadie puede parar de bailar la música del General / Nada en el cerebro, nada en el refrigerador”, eran algunos versos de “Pinochet Boys”, uno de los únicos cuatro temas que la banda alcanzó a grabar. Tres de esos registros (”Pinochet Boys”, “Botellas contra el pavimento” y “En mi tiempo libre”) fueron financiados por Carlos Fonseca, el mismo de Los Prisioneros, quien se ofreció como su manager si se cambiaban el nombre.
En junio de 1986, el grupo alquiló el galpón del Sindicato de Taxistas (en la calle El Aguilucho, de Ñuñoa) para dar vida al Primer Festival Punk. El cartel de esa noche incluyó también a Zapatilla Rota, Niños Mutantes, Índice de Desempleo, Dadá, Corruption Girls. Aunque incipiente e informal, Pinochet Boys era parte de un pequeño movimiento dispuesto a la expresión subversiva en tiempos de riesgo, entre estos destacaban pintores del colectivo Contingencia Sicodélica. Pero eso tenía su costo, y uno de los mayores fue el allanamiento a su sala de ensayo. En julio de 1986, una fiesta de cumpleaños de Rafael Guíñez ( ex Banda del Gnomo y futuro integrante de Parkinson) en calle Herrera 506, lugar donde vivían como una tribu, terminó mal y salieron a la luz en la forma de un titular del diario La Cuarta: “Escandaloso malón de ‘punks criollos’; pintaron de verde y rojo hasta al perro”. Esta fiesta les trajo consecuencias que apreciaron luego de su salida de la cana: la casa y los equipos totalmente destruidos y fuera de ella un furgón estacionado con vidrios polarizados vigilante e inquietante.

El último concierto del grupo en Santiago fue coherente con esa historia. A mediados de 1986, Pinochet Boys se presentó en la Casa Constitución (ante una audiencia que crece ficticiamente con los años, por cierto) y debió abandonar rápidamente el lugar cuando éste fue completamente destrozado por una lluvia de botellazos desde y hacia el escenario. Miguel Conejeros lo recuerda así: “Todo degeneró cuando comenzamos a quebrar botellas sobre el escenario, y las que no se quebraban salían disparadas hacia el público desde donde se devolvían al escenario y así sucesivamente… Luego, lo típico: apagón de luces, los pacos, gritos, golpes, sangre, borrachos, etcétera”. El grupo era ya el secreto a voces de cierto círculo de artistas, luego de su trabajo en la musicalización de algunas performances del director teatral Vicente Ruiz.

Sin embargo, la hostilidad policial hizo imposible su continuación. Según relata Miguel Conejeros en el libro Pinochet Boys, “era difícil tocar, había que pedir salvoconducto y cosas por el estilo, por lo cual muchas veces no podíamos poner nuestro nombre en los afiches”

Viajaron a Brasil, luego de ofrecer un concierto en Buenos Aires. Su propósito era pura consecuencia punk: “No hay futuro y no cifren esperanzas en nosotros”, les explicaron a sus amigos y familiares al despedirse. Su primer concierto en Sao Paulo fue junto a un grupo local llamado Excomungados en un recital que pedía por la paz en todo el mundo. En Brasil perdieron su Chile referente, su razón de ser como respuesta a la dictadura declara Iván Conejeros en el libro Pinochet Boys del año 2008.

Sin registros formales de sus canciones, los Pinochet Boys se disolvieron de modo natural y sin imaginar ni un posible recuerdo entre los chilenos de la siguiente generación. Tarde o temprano, tres de sus integrantes volverían a llamar la atención en proyectos de rock independiente. Miguel Conejeros ejerció un tiempo como arquitecto en su natal ciudad de La Unión, pero se mudó luego a Santiago para trabajar junto a Parkinson (y, mucho después, armar el proyecto Fiat600). Daniel y Tan se mantuvieron un tiempo en el grupo Carlos Calor junto a Rodrigo Hidalgo (guitarra, ex Dadá y futuro Parkinson) y a Carlos Calor (voz). En 1989 Daniel Puente se mudó a Europa, donde formó el aclamado trío Niños Con Bombas. Antes de su partida a Nueva York, Tan Levine fue un activo colaborador de un sinfín de bandas, entre ellas Electrodomésticos, Primeros Auxilios, María Sonora, Blancoactivos y Supersordo; así como del ex Prisioneros Jorge González.

Pinochet Boys

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